La razón por la que ese vino no te sienta bien no es una alergia: algunas botellas tienen un componente que afecta negativamente al 10% de la población
Hay quien disfruta de una copa de vino sin consecuencias y quien, después de apenas unos sorbos, nota dolor de cabeza, congestión nasal, enrojecimiento de la cara o malestar. No existe una única explicación y en cada persona intervienen la genética, el metabolismo, la sensibilidad a determinados compuestos e incluso la forma en que su organismo los procesa o tolera. Es realmente difícil discernir cuáles son los componentes del vino que nos afectan especialmente, pero lo que sí podemos afirmar con rotundidad es que rara vez se tratará de una alergia.
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