Quienes suelen acudir a la gala de presentación de The World's 50 Best Restaurants tienen muy controlado ese sonido de los aplausos al final de la gala. Un sonido que podría parecer que siempre es igual y no es así. Una intensidad de aplausos que te dice si realmente estamos en un año de un ganador absolutamente querido y consensuado.
Esto es lo que ha ocurrido esta noche en Lima. El Teatro Municipal se ha llenado de aplausos al anunciarse que el ganador era Asador Etxebarri, de Bittor Arginzoniz, una figura querida y absolutamente singular en el mundo de la gastronomía. Y también porque Arginzoniz es, precisamente, alguien que rehúye todo aquello que él mismo ha definido en alguna ocasión como “el circo de la alta cocina”. Tímido y poco amigo de los focos, nunca se ha sentido cómodo siendo el centro de atención. Pero este año, inevitablemente, ha acabado convirtiéndose en el protagonista absoluto.
Bittor Arginzoniz es un personaje especial, dotado de una enorme sensibilidad. En una época en la que muchos cocineros y cocineras recorren el mundo con la mirada puesta en escalar posiciones en esta codiciada lista, él apenas se mueve del maravilloso valle de Atxondo, en Vizcaya, donde vive, tiene su restaurante y trabaja alrededor de las brasas. Incluso se le ha llegado a definir como “el vasco con alma japonesa”, por la precisión, la paciencia y la dedicación con las que ha consagrado toda su vida a perfeccionar la técnica de la parrilla.
Que el número uno de la lista The World's 50 Best Restaurants sea para Asador Etxebarri es la demostración de que el éxito a veces se puede lograr sin dejar de ser uno mismo y haciendo tu trabajo discretamente y disfrutando de lo que haces con tu vocación.
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