De un tiempo a esta parte, la AirFryer se ha colado en multitud de hogares como símbolo de la vida sana. ¿Una freidora que fríe sin engordar? La promesa tiene truco: cocinar con aire caliente puede reducir la cantidad de aceite añadido, pero no borra las calorías, la sal ni la composición nutricional de lo que ponemos dentro de la cestita.
Un huevo cocinado en una Airfryer sigue siendo un huevo. Su clara sigue aportando proteínas y su yema conserva sus vitaminas, sus grasas y la mayor parte de sus calorías. No importa que no se haya sumergido en aceite ni que el aparato se anuncie como una alternativa saludable a la fritura tradicional, ya que el aire caliente no puede hacer magia potagia para que desaparezcan las calorías que forman parte del alimento. Lo de que la Airfryer cocina con muy poco aceite es cierto. Lo que no es cierto, o lo es solo a medias, es la conclusión que muchos sacan: que lo que sale de la freidora de aire es, por definición, saludable.
Sin embargo, bien utilizada, la freidora de aire puede ser una buena aliada, indica la dietista-nutricionista Júlia Farré, pues permite obtener texturas crujientes con menos aceite añadido que en una fritura por inmersión. Según esta experta, la AirFryer es particularmente útil para preparar patatas frescas con una cantidad moderada de aceite, el pescado, el pollo sin rebozar y las verduras (“las coles de Bruselas, el brócoli, el calabacín, la berenjena o los champiñones quedan especialmente bien”, indica la directora del Centro Júlia Farré). “También permite cocinar pequeñas cantidades sin encender el horno. De hecho, la mayoría de la gente que conozco ha dejado de usar el horno desde que la tiene”, añade. “Lo mejor que tiene la AirFryer es que es muy fácil de usar, que no ensucias toda la cocina y no tienes que estar vigilando si se quema o no se quema”, considera.
Salmón en AirFryerCedidasAsimismo, puede animar a quienes tienen poca costumbre de cocinar a tirarse a la piscina para preparar alimentos frescos en casa, en cuyo caso el cambio nutricional casi siempre va a ser para mejor.
La clave está en ampliar la mirada, ya que no basta con contar las calorías que nos ahorramos al usar menos aceite. Tal y como recuerda Farré, hay alimentos muy calóricos, como los frutos secos o el aguacate, que son muy saludables, “mientras hay otros con muy pocas calorías, como las bebidas light carbonatadas, que tienen muy pocas calorías, pero que descalcifican los huesos”, pone de ejemplo. Además de vigilar que los ingredientes que introducimos en la AirFryer sean de buena calidad, conviene mesurar también la cantidad que comemos (algunos estudios sugieren que cuando percibimos algo como sano, tendemos a comer más cantidad y a que las raciones sean más grandes), la sal que incorporan los procesados que metemos en el carrito del supermercado (un alimento es alto en sal si tiene 1,25 g de sal o más por cada 100 g o 0,5 g de sodio), el azúcar oculto y, en definitiva, el conjunto de alimentos que introducimos en nuestra boca a diario.
Por decirlo con otras palabras, una ración de verduras cocinadas con aire caliente no plantea el mismo escenario nutricional que una ración abundante de nuggets acompañados de patatas prefritas, aunque ambas salgan de la misma cesta. Tal y como alertan algunos dietistas-nutricionistas, la Airfryer se utiliza con frecuencia para cocinar ultraprocesados congelados, tales como San Jacobos, barritas de pescado, paquetes de pollo empanado (alitas rebozadas, tenders, etc.), croquetas de jamón, bolitas de queso, aros de cebolla rebozados, empanadillas, rollitos de primavera, minipizzas, nuggets y hamburguesas vegetales, entre otras delicatessen ultraprocesadas.
Según un estudio de Nestlé España, ya en 2024 casi el 40% de los jóvenes de entre 18 y 35 años tenía una AirFryer en casa, diez puntos más que las personas de 36 a 65 años. Esto podría interpretarse como una señal de que los jóvenes se preocupan por comer mejor. Puede ser. Pero el dato solo dice que el aparato está en la cocina, no qué se mete en la cesta.
Hay otro dato que vale la pena comentar: cocinar alimentos ricos en almidón (patata, pan, cereales) a más de 120 °C puede generar acrilamida, una sustancia que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica como “probablemente cancerígena para los humanos”. La freidora de aire trabaja con temperaturas altas, habitualmente entre 180 y 200 °C, así que no es inmune.
Algunos estudios apuntan a que genera menos acrilamida que la fritura profunda, pero el resultado depende del grosor, del tiempo de cocción y del grado de dorado. No hay, pues, carta blanca. Las agencias sanitarias, como la británica FSA, aconsejan “ir a por el dorado”: un amarillo dorado, nunca un marrón oscuro. Remojar las patatas en agua fría antes de cocinarlas también puede ayudar, así como secarlas bien antes de introducirlas en la freidora, para que queden crujientes, así como ajustar el tiempo y la temperatura recomendados. Al final, lo mejor es hacer caso a Júlia Farré: “dorado no es lo mismo que tostado oscuro”, recuerda. Ahora bien, nada de esto obliga a renunciar a la patata o al pan: se trata de reducir la exposición, no de demonizar a ningún alimento.
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Al final, la Airfryer no es ni una máquina de adelgazar ni un engaño comercial de tomo y lomo, sino una herramienta culinaria que puede mejorar algunas preparaciones y simplificar otras menos saludables. Su principal virtud consiste en permitirnos cocinar determinados alimentos con menos aceite, mientras su principal limitación es hacernos creer que el método de cocción puede compensar cualquier mala elección alimentaria. Visto con esos ojos, la verdadera revolución nutricional no está en el electrodoméstico que tenemos en la encimera, sino en lo que decidimos poner dentro. Y es que, como señala Júlia Farré, “ningún chorro de aire caliente, por potente que sea, puede sustituir al sentido común”.
Qué es (y qué no es) una Airfryer
Una freidora de aire es, en esencia, un horno de convección pequeño: una resistencia calienta el aire y un potente ventilador lo hace circular a gran velocidad alrededor del alimento, en una cubeta de poco volumen. Ese flujo constante seca la superficie y favorece las reacciones de dorado (la reacción de Maillard), que son las que dan el crujiente. No hay inmersión en aceite, así que, hablando con propiedad, “la AirFryer no fríe, sino que hornea de forma eficiente y rápida”, informa Farré. El primer malentendido es aritmético: cada gramo de grasa aporta unas 9 kilocalorías, algo que no cambia en función del aparato empleado. Es verdad que, en una fritura profunda, un alimento como la patata (o un rebozado) absorbe una cantidad muy generosa de aceite, y que en la freidora de aire esa absorción se reduce lo suyo. De ahí que las comparaciones entre ambos métodos den diferencias a favor del aire que pueden ser sustanciales en el caso de las patatas frescas. Pero eso solo cuenta cuando se compara con la fritura. Si la comparación es con el horno, la plancha, el vapor, incluso con freír en la sartén con una pequeña cantidad de aceite de oliva, la ventaja pasa a ser mucho más modesta. Un plato de nuggets congelados para toda la familia no se vuelve ligero por pasar por la freidora de aire; sigue siendo el producto que era. No obstante, en estos tiempos que corren, tan dados a los extremismos, hay que evitar el falso dilema de decantarse porque “la Airfryer es saludable” o porque “la Airfryer es un engaño”. Ni milagro ni timo: es un pequeño horno de convección, rápido y eficaz, que hace bien algunas cosas, aunque ninguna, eso sí, por arte de magia.
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