La enfermedad renal crónica afecta a unos 674 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. El problema es que puede avanzar durante años sin síntomas claros: para detectarla se utilizan pruebas de sangre que estiman la capacidad de filtrado de los riñones y análisis de orina que buscan, entre otros indicadores, la presencia anormal de albúmina.
En este contexto, un estudio publicado el 3 de agosto de 2026 en Scientific Reports ha analizado si el tipo de alimentación habitual se relaciona con el riesgo de desarrollar la enfermedad. Tras seguir a más de 416.000 participantes del UK Biobank durante casi 13 años, los investigadores encontraron la asociación más marcada entre quienes seguían una dieta vegetariana.
Más de 416.000 personas seguidas durante casi 13 años
El análisis incluyó a 416.584 adultos que tenían entre 40 y 69 años cuando fueron incorporados al UK Biobank y que no presentaban enfermedad renal crónica al inicio del estudio. Los investigadores los clasificaron según sus hábitos alimentarios en cinco grupos: consumidores elevados de carne, consumidores de cantidades menores, personas que comían aves pero no otras carnes, pescetarianos y vegetarianos.
El estudio siguió a más de 416.000 adultos durante casi 13 años, periodo en el que más de 23.000 desarrollaron enfermedad renal crónica. Ksenia Shestakova / TercerosEstos últimos no consumían carne ni pescado. El grupo también incluyó a los participantes veganos, porque únicamente 367 seguían este patrón y el número era demasiado pequeño para analizarlos de forma independiente. Durante un seguimiento medio de 12,9 años, 23.084 participantes desarrollaron enfermedad renal crónica.
¿Qué significa realmente ese 19% menos?
Después de ajustar los resultados por factores como edad, sexo, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, nivel educativo, ingresos, diabetes tipo 2, índice de masa corporal y perímetro de cintura, los vegetarianos presentaron un 19% menos de riesgo relativo de desarrollar enfermedad renal crónica frente al grupo con mayor consumo de carne. En términos estadísticos, el hazard ratio fue de 0,81.
Esto no significa que un vegetariano tenga 19 puntos porcentuales menos de probabilidad de enfermar ni que eliminar la carne reduzca automáticamente el riesgo renal en esa proporción. Es una comparación relativa entre grupos con estilos de vida distintos dentro de un estudio observacional. Quienes comían carne con menor frecuencia también mostraron una reducción, pero mucho más pequeña: alrededor del 3%.
¿Por qué una dieta vegetal podría influir en los riñones?
El estudio no puede establecer el mecanismo, pero los investigadores plantean varias explicaciones biológicas. Una alimentación con mayor presencia de productos vegetales suele aportar más fibra y compuestos como los polifenoles. La fibra puede modificar la microbiota intestinal y favorecer la producción de ácidos grasos de cadena corta, sustancias estudiadas por su relación con una menor inflamación y estrés oxidativo.
Una dieta más vegetal podría beneficiar al riñón por su mayor aporte de fibra y compuestos antioxidantes y por generar una menor carga ácida. Getty ImagesTambién podría importar la denominada carga ácida de la dieta. Determinados patrones ricos en proteína animal generan más productos ácidos que deben ser gestionados por los riñones, mientras que frutas y verduras pueden reducir esa carga.
Los autores señalan además diferencias relacionadas con el sodio y el fósforo. El fósforo de muchos alimentos vegetales se encuentra unido en forma de fitato y se absorbe peor que otras formas, aunque estos mecanismos son hipótesis que el presente estudio no demuestra directamente.
No todos los vegetarianos comen necesariamente de forma saludable
Hay otra limitación importante. Los participantes fueron clasificados según la frecuencia con la que consumían determinados alimentos al comienzo del estudio, pero esta clasificación no permite conocer con precisión la calidad global de cada dieta.
Una persona puede no comer carne y, aun así, consumir abundantes productos ultraprocesados, sal, harinas refinadas o azúcares. Investigaciones anteriores ya han señalado que no todas las dietas basadas en plantas muestran las mismas asociaciones con la salud.

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Además, los vegetarianos de esta cohorte tendían a ser más jóvenes, tener un menor IMC y un nivel educativo más alto que los grandes consumidores de carne. Los modelos intentaron corregir estas diferencias, pero los propios autores reconocen que no puede descartarse que otros hábitos saludables expliquen parte del resultado.
Una asociación prometedora, pero no una dieta para todos
El hallazgo tampoco significa que una persona que ya tiene enfermedad renal deba hacerse vegetariana por su cuenta. Las necesidades nutricionales pueden cambiar según el grado de función renal, los medicamentos y los niveles de potasio, fósforo o proteínas que necesita cada paciente.
Las guías KDIGO recomiendan actualmente que las personas con enfermedad renal crónica sigan una alimentación variada con mayor presencia de alimentos vegetales y menos ultraprocesados, pero también aconsejan que los ajustes de proteínas, sodio, fósforo y potasio sean individualizados con ayuda de profesionales especializados.

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El nuevo estudio aporta una pista importante sobre prevención: en una población de cientos de miles de personas, el patrón vegetariano fue el que mostró la asociación más favorable con el riesgo renal. Demostrar que la dieta es directamente responsable requerirá, sin embargo, investigaciones adicionales.
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