En el sector del vino todo lleva su tiempo. Desde el trabajo en la viña hasta la guarda en la bodega, pasando por la fabricación de las barricas o de los tapones. Todo, absolutamente todo, suma (o resta). Y por ello, cada decisión del enólogo cuenta para que el vino que tiene en mente se convierta en una realidad, y se materialice en aromas y los matices concretos.
Uno de esos factores que influyen en la evolución del vino, y que en demasiadas ocasiones se pasan por alto, sobre todo para los profanos en la materia, es el tapón. Sin embargo, el cierre de la botella es crucial para el éxito del proceso de vinificación. De hecho, su relevancia es tal que una mala elección podría echar a perder meses, e incluso años, de trabajo previo.
Por esa razón, Raul Vigas, director general de J·Vigas, empresa familiar con más de 140 años dedicada a la fabricación de tapones de corcho, insiste en la importancia del tapón, al que otorga, entre otras, la función de respetar al máximo la expresión del vino que ha protegido.

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Los tiempos en el sector del vino suelen ser bastante largos, ¿también en la fabricación de un tapón de corcho?
El proceso desde la extracción de la corteza del alcornoque hasta su comercialización suele durar aproximadamente un año.
Concrete un poco más… ¿qué pasos van desde el punto inicial hasta la comercialización?
Tras la extracción, el corcho se hierve para aplanarlo, después pasa por un período de reposo de seis meses. En ese momento, comienza una fase donde se seleccionan las piezas según criterios de calidad visual, se someten a procesos de homogeneización sensorial, y quedan listos para su adjudicación. Y, a partir de ahí, comienza la parte más personal mediante una selección manual, un marcado láser y un tratamiento superficial.
Un hombre abriendo una botella de tinto. iStockEl origen de todo este proceso es el alcornoque. ¿Qué tiene este árbol que no tienen los demás?
Sus propiedades innatas. El alcornoque posee unas características únicas que lo hacen idóneo para el vino. Esto es así desde hace más de 2000 años. Yo destacaría dos cualidades: por un lado, su elasticidad, que le permite adaptarse de forma impecable al gollete de la botella, absorbiendo todas las imperfecciones que tiene el vidrio; y por otro, su capacidad para ceder oxígeno de forma gradual al vino.
Una vez fabricado y colocado el corcho. ¿Cuánta vida tiene?
No se puede generalizar porque intervienen numerosos factores, como la densidad y la porosidad del corcho. Además, existen otras variables externas a la venta que se escapan de nuestras manos. Por ejemplo, una vez salen los corchos de la fábrica, el embotellado es un momento crítico, lo mismo que el transporte y el almacenamiento, donde la temperatura, la humedad y la posición de la botella son aspectos que garantizan que el corcho cumpla con su función el máximo tiempo posible.
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Eso solo ocurre con un tapón perfecto. ¿Cómo describiría uno?
Desde mi punto de vista, debería respetar al máximo la expresión del vino que ha protegido. Cuando el consumidor abre una botella y el vino transmite con nitidez las emociones, las singularidades, y el perfil que el elaborador diseñó, significa que el tapón ha realizado un trabajo excelente. Al final, el corcho debe estar estrictamente al servicio del vino.
Una valiosa misión la que usted apunta. ¿Cómo se consigue? Es decir, ¿cómo influye el tapón en el perfil aromático del vino?
Su influencia es radical. Nosotros actualmente estamos trabajando en estudios comparativos en los que tapamos un mismo vino, con un mismo depósito, embotellado el mismo día, y con la única diferencia de usar tapones diferentes. Abrimos las botellas en tres momentos distintos, a tres, seis y nueve meses, y hemos comprobado que, en función del tipo de tapón, el vino es completamente diferente. Nosotros lo estamos haciendo con tapón de corcho natural y con tapón técnico o microgranulado, y vemos que la tipología de vino cambia totalmente. Además, lo hemos hecho en Rioja, Ribera, Borgoña, Cataluña, y los enólogos que han tenido la oportunidad de comprobar los resultados han quedado muy sorprendidos.
Por tanto, la elección del tipo de tapón es decisiva…
Así es. El tipo de tapón que elija la bodega puede afectar a todo el trabajo anterior. De ahí la importancia del tipo de cierre. Además, no hay que olvidar que estamos hablando de corcho y vino, dos productos naturales, donde dos más dos nunca hacen cuatro.
Se refiere a los tapones de corcho natural. Pero hay más tipos de cierres. ¿Cuál es el mejor?
Los de rosca y los sintéticos están destinados a vinos de consumo rápido, vinos jóvenes de uno, dos o tres años. Además, por un lado, el tapón sintético, a largo plazo, pierde elasticidad de forma severa, dejando pasar oxígeno de forma masiva y provocando una oxidación prematura del vino; y, por otro lado, el tapón de rosca genera un cierre mucho más hermético, más estanco, que no permite una microoxigenación de forma natural, y puede derivar frecuentemente en problemas de reducción aromática, impidiendo la evolución del vino. Por otro lado, en términos de sostenibilidad y de huella medioambiental, el tapón de corcho natural es imbatible, no tiene rival.
Hay que pensar que lo importante no es tanto la belleza exterior, sino los parámetros físicos como la densidad del tapón, ya que eso sí influirá en la evolución del vino
¿Diría que es el más demandado?
Para vinos de guarda, sin duda.
Por otro lado, ¿son todos iguales?
Varían en las medidas. El estándar es de un diámetro de 24 mm, aunque existen mayores. En cuanto a la longitud, los hay de 45 mm, 49 mm y 54 mm. Cuanto más tiempo se vaya a guardar el vino, más longitud debería tener el tapón. Por otro lado, están los tapones técnicos microgranulados, que normalmente tienen entre un 50% y un 75% de corcho. Este tipo de tapón consigue garantizar ausencia de TCA (tricloroanisol) al 0%. Sin embargo, estamos viendo que tiene una gran migración de componentes químicos artificiales hacia el vino. Y esto acaba afectando a la evolución y, sobre todo, anulando la expresividad del vino.
Desde su posición de fabricante de tapones, ¿qué consejos daría a un enólogo a la hora de elegir un cierre?
En primer lugar, desde mi experiencia, he tenido la oportunidad de ver que hay cosas que se miran mucho, y que, en mi opinión, no son tan importantes, como por ejemplo la estética inicial. Hay que pensar que lo importante no es tanto la belleza exterior, sino los parámetros físicos como la densidad del tapón, ya que eso sí influirá en la evolución del vino, además de su importancia en la neutralidad sensorial. Por otro lado, la falta de previsión de los tiempos por parte de las bodegas es un problema que nos solemos encontrar. A veces es difícil hacer entender que cuanto más tiempo tengamos los fabricantes, más probabilidades habrá de que podamos ofrecer un tapón lo más adaptado posible a las necesidades del cliente.

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En principio, cada bodega tendrá unas necesidades distintas, salvo una que todas comparten: evitar el “sabor a corcho” generado por la molécula TCA. ¿Se puede prevenir su aparición?
Con el corcho natural no existe el riesgo cero, tal y como permite el tapón técnico. Sin embargo, actualmente, todas las corcheras disponemos de sistemas tecnológicos que minimizan este problema a casos anecdóticos. Además, hay que destacar que el corcho es como una esponja, y coge todo lo que hay en el exterior. Esto significa que el TCA no solo puede proceder del corcho; también puede venir de otros lugares. Actualmente, insisto, no se puede garantizar el 0% de TCA, pero los casos que se dan son excepcionales.
Por último, pocas cosas están tan vinculadas a un tapón de corcho como un sacacorchos. Ahora bien, ¿usted, como experto, cuál prefiere?
Para los vinos con más años de guarda es imprescindible el uso de los sacacorchos de láminas o de pinzas. Un corcho antiguo, al final, pierde consistencia estructural, y los abridores tradicionales con espiral suelen romper el corcho en un 90% de los casos. Para el resto de vinos, el sacacorchos tradicional está bien. Eso sí, siempre asegurando una introducción recta y una extracción vertical alzada sin torcer el corcho.
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