Gastronomía

“No podemos ser algo que genéticamente no somos”: de ser consultora en Madrid a volver a Requena para coger las riendas de la bodega familiar tras la jubilación de su padre

“No podemos ser algo que genéticamente no somos”: de ser consultora en Madrid a volver a Requena para coger las riendas de la bodega familiar tras la jubilación de su padre

María Orriols

02/07/2026 07:00

Hay bodegas que nacen para seguir una tendencia y otras que, casi sin saberlo, nacen para contradecirla. Pago de Tharsys pertenece a las segundas. Cuando comenzó a elaborar sus primeros vinos en Requena, a finales de los 90, el gusto dominante pedía potencia, concentración, madurez y barricas de tostado intenso. Pero en aquella finca de 1808, levantada sobre una antigua cava subterránea que todavía pervive, el terreno parecía tener otros planes.

“Cuando intentábamos sobresalir en ese mundo parkerizado de vinos, no lo conseguimos”, recuerda Rebeca García, socia y responsable de marketing y comunicación de Pago de Tharsys. “Nuestros vinos eran más esbeltos, no tan concentrados, más frescos y estábamos un poco frustrados porque necesitábamos vender”. 

Lo que entonces vivieron casi como una frustración, con el tiempo, terminó convirtiéndose en su mayor hallazgo. “Ha sido ahora, con la madurez, cuando hemos entendido que nuestra naturaleza está influenciada por la tierra caliza, que es lo que hace que nuestros vinos sean más esbeltos, y no podemos ser algo que genéticamente no somos”.

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Fue aceptando que su terreno hablaba un idioma diferente cuando Pago de Tharsys encontró su identidad y aquella diferencia que antes los descolocaba se ha convertido en una ventaja. Pero la historia arranca mucho antes, con Vicente García, padre de Rebeca, enólogo de la primera promoción de la Escuela de Viticultura y Enología de Requena y una figura fundamental en la llegada del cava a Valencia

Tras años de docencia y experiencia en Catalunya, regresó a Requena a principios de los ochenta. Allí, en aquel momento, no se elaboraban espumosos. La zona estaba volcada en los tintos y, sobre todo, en vino a granel, con la bobal como gran variedad local.

Rebeca García: “Era algo de locos, pero siempre hay gente que cree en las locuras”.Rebeca García: “Era algo de locos, pero siempre hay gente que cree en las locuras”.Cedida

Vicente García vio una oportunidad donde otros no veían nada. Pensó que su conocimiento en la elaboración de cava podía aportar algo nuevo a Requena. Así empezó a gestarse Torre Oria, considerada el germen de la elaboración de cava en la zona. “Era algo de locos, pero siempre hay gente que cree en las locuras”, reconoce Rebeca. 

Prueba de ello fue el tema de la financiación: para poder comprar el palacete con bodega se necesitaban avales y fue necesario que, además de los hombres, sus mujeres también participaran con su patrimonio personal. “En aquella época, el hecho de que las mujeres estuvieran dentro de ese negocio era una rareza. Lo más bonito era la ilusión con la que se hacía todo”.

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Torre Oria funcionó, pero Vicente García, inquieto y visionario, vendió sus acciones para iniciar su propio proyecto. Compró una finca junto a Requena con bodega propia y tierra donde poder hacer realidad su sueño, que era levantar una pequeña bodega al estilo francés con viñedo, producción limitada. Así nació Pago de Tharsys.

Aunque les costó entender que sus suelos calizos daban unos vinos distintos al resto y que, precisamente en aquella época “no se hablaba de suelos, ni de variedades diferentes, ni de identidad territorial”, comenta Rebeca, el reconocimiento de la DOP Tharsys como vino de pago fue la confirmación de “que tenemos una identidad propia, diferencial”.

Esa identidad se expresa con especial claridad en el vino que, para Rebeca García, es su mejor tarjeta de presentación. Se trata del Vendimia Nocturna Rosado FB (Fermentado en Barrica). Elaborado con garnacha de la parcela con más caliza de la finca, nace en una zona situada a unos 800 metros de altitud, donde la diferencia térmica entre el día y la noche puede alcanzar los 18 grados. 

Al recoger la uva de madrugada, esta llega fresca, tersa y con menos oxidación. Después fermenta en barrica y se cría con sus lías durante seis meses. “Queríamos destacarlo, sacarlo fuera de ese grupo de rosaditos fresquitos que los españoles somos tan buenos en desprestigiar”, defiende Rebeca. Para ella, este vino demuestra que un rosado puede estar a la altura de grandes blancos y tintos si se cata sin prejuicios.

Rebeca García, de Pago de Tharsys, vendimiando. Rebeca García, de Pago de Tharsys, vendimiando. Cedida

Pago de Tharsys ha ido construyendo su camino precisamente así, levantando la mano cuando otros no se atrevían. Fueron pioneros en espumosos en Requena, en hablar de identidad de suelo en su entorno, en impulsar el enoturismo en la zona, en certificar prácticas ecológicas, en elaborar destilados propios y también vinos sin sulfitos. 

Esa actitud se cristaliza en su lema “Valientes para encontrarnos”, de quien Rebeca ha hecho su mantra particular. No en vano, la que es hoy directora de comunicación y marketing de Pago de Tharsys, comenzó su andadura laboral en una consultora y, después de pedir un año de excedencia para incorporarse en el negocio familiar, volvió a su trabajo. Sin embargo, diez años después, coincidiendo con la jubilación de su padre, tuvo claro que su futuro estaba en esa tierra caliza. 

El vino lo puedes hacer desde la emoción o desde las cifras; a nosotros nos gusta hacerlo desde lo primero

Rebeca García, 

Bodega Pago de Tharsys

Aunque ella misma asegura que su experiencia en una consultora le ha aportado disciplina, visión y organización en el negocio, “el vino lo puedes hacer desde la emoción o desde las cifras. Y a nosotros nos gusta hacerlo desde lo primero, que tengan una base importante y, si nos equivocamos, nos dará igual porque lo hemos hecho desde dentro”.

Y, si tenemos en cuenta que el cava llegó por la experiencia de un enólogo que quiso cambiar su zona; las mujeres entraron en la sociedad porque hicieron falta avales; que el rosado en barrica nace para romper un prejuicio y los vinos esbeltos no son una moda, sino la consecuencia natural de la tierra caliza, está claro que el tiempo les ha dado la razón.

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