El próximo miércoles 4 de noviembre, el Teatro Municipal de Lima acogerá la gala de 50 Best Restaurants 2026. Por primera vez en los 24 años de historia del ranking, la ceremonia se celebrará en Sudamérica. Desde hoy, la ciudad recibe a cocineros, restauradores y críticos de más de 30 países. Muchos querrán reservar mesa en los comedores más célebres de la capital peruana. Los más atentos, sin embargo, también dirigirán la mirada hacia la barra.
Durante décadas fue la antesala del comedor, el lugar donde se mataba la espera por una mesa con una copa en la mano. Hoy, en algunas de las ciudades que marcan el rumbo de la gastronomía, la barra se ha convertido en un destino en sí mismo, con identidad y carta propia.
La segunda edición de la guía de bares de El Trinche, medio de periodismo gastronómico peruano que sigue de cerca la evolución de la cocina del país, dedica un apartado a estos espacios que se han convertido en “protagonistas de los restaurantes”. Una selección que permite asomarse a la diversidad de la escena limeña a través de cinco propuestas: una carta inspirada en un pájaro viajero, un cóctel que se pide aunque no aparezca en el menú, una barra de ocho metros frente al Pacífico, un laboratorio dedicado a los macerados y un bar concebido desde el principio con el mismo protagonismo que la cocina.
De día o de noche
Astrid & Gastón
La barra de Astrid & Gastón, emblemático restaurante fundado en 1994 por Gastón Acurio junto a su esposa y socia, la chef pastelera alemana Astrid Gutsche. ya tenía carácter propio en el antiguo local de la calle Cantuarias, y lo conserva en Casa Moreyra. Allí hay dos ambientes: un bar interior pequeño y recogido, y una barra cuadrada en la terraza que rodea el árbol central, decorado como una yunza llena de color.
La carta la cuenta un personaje, el chisco, un pájaro curioso que sale de Casa Moreyra a recorrer el mundo y vuelve con recetas e historias de la coctelería clásica. De ese viaje imaginario salen clásicos y creaciones de autor. Varias de estas últimas se inspiran en platos de la casa, como el cuy pekinés. Astrid Gutsche pone el tono festivo con su trato cercano, tanto con quien llega por primera vez como con los habituales, que repiten con alguna de las versiones de Negroni o de Sazerac.
Manhattan de la barra del restaurante La GloriaIG @laglorialimaEn pareja, en solitario o para una reunión de negocios
La Gloria
Esta esquina lleva treinta años abierta y durante mucho tiempo se llevó premios por servir el mejor pisco sour de la ciudad. Aun así, el consejo de la guía es otro: pedir un Capitán, aunque no figure en la carta.
Óscar Velarde marca el estilo de este clásico, donde picar algo por la tarde y tomar el aperitivo es casi obligatorio. La barra preside el salón, rodeada todavía por las ñustas que pintó el artista cusqueño Juan Bravo Vizcarra, y por la noche el espacio se tiñe de rojo y se llena de ruido y buen humor. Los clásicos se sirven con rigor, hay sitio para el vino y los destilados, y también para la creación de autor. La novedad llega al comedor: un carrito de martinis que lleva algo del espíritu de la barra hasta la mesa.
Primera cita o con amigos
La Rosa Náutica
En La Rosa Náutica, la primera parada es el Bar Espigón, que acaba de renovarse por completo. Dominan el dorado y el verde, y la barra, de ocho metros, parece brotar del propio espigón entre texturas de roca, un jardín vertical y lámparas doradas. Las mesas redondas y un sofá largo con forma de ola completan un salón pensado para mirar el Pacífico.
Ese mar también está en las ilustraciones de Isa Watanabe que decoran la carta y los posavasos. Lo más pedido son los clásicos, sobre todo el pisco sour y el negroni. Los cócteles de autor juegan con el mar y la tierra. El Martini de Mar remite a algas y bivalvos, y el Cacao se construye a partir del ajo negro amazónico, un ingrediente clave en la cocina de Pedro Miguel Schiaffino.
Maridaje sin alcohol del restaurante MaytaIG @maytalimaEn pareja o para disfrutar en solitario
Mayta
Mayta es uno de los restaurantes limeños mejor situados en los rankings internacionales, y su barra tiene historia propia. Empezó en 2008, cuando el restaurante abrió con un bar centrado en experimentar con macerados de pisco.
Hoy ese espacio se llama Macera y su influencia llega a todo el restaurante. Funciona como un taller, allí se investigan y elaboran bebidas con y sin alcohol, además de destilados y licores propios. La coctelería de autor parte de la biodiversidad peruana con un enfoque territorial, en el que cada fruta, raíz o corteza habla del lugar donde crece y se consume. Es una propuesta que se sostiene sola y que también acompaña el menú degustación del chef Jaime Pesaque.
La reina del merengue, de la barra del restaurante RafaelIg @rafaelrestauranteEn pareja o para disfrutar en solitario
Rafael
Cuando Rafael Osterling abrió su restaurante, hace más de 25 años, el bar nació con el mismo peso que la cocina. Sigue siendo así. La barra ocupa un ambiente separado del comedor, rodeado de arte y buena música, y atrae tanto a vecinos como a visitantes, de día y de noche.
La guía recomienda empezar por los clásicos, que casi siempre llevan algún toque de la casa, como los martinis, en constante evolución. También hay cócteles de autor, elegantes y equilibrados, para acompañar las tapas que se anuncian en la pizarra del bar. Entre los destacados están el Wine Martini, La Rei y el Rafa Negroni.