Mantener viva una empresa familiar durante más de un siglo exige encontrar el difícil equilibrio entre respetar la tradición y saber adaptarse a un mercado en constante transformación. Ese es el desafío al que se enfrenta la quinta generación de la familia Rivero, al frente del Grupo Marqués del Atrio, una bodega cuyos orígenes se remontan a 1899 y que ha hecho de la innovación una herramienta para preservar su identidad y su legado.
En un momento en el que no solo el sector del vino, sino el mundo en general cambia a una enorme velocidad, es cada vez más habitual encontrar que los consumidores buscan algo más que calidad; quieren autenticidad, arraigo y conexión con el territorio. Es esta la premisa con la que trabaja Jorge Rivero, director comercial y miembro de la quinta generación de la familia fundadora del Grupo Marqués del Atrio, y con la que aspiran a responder a los nuevos hábitos de consumo sin renunciar a la identidad que ha definido a la familia durante más de cien años.
Forma parte de la quinta generación de la familia fundadora. ¿Qué supone asumir la responsabilidad de mantener un legado de más de un siglo?
El legado es, al mismo tiempo, una responsabilidad y un privilegio. Es una responsabilidad porque tanto mi hermano como yo queremos que algún día la sexta generación quiera continuar este proyecto familiar, aunque es algo que nunca puede darse por hecho. Pero es también un privilegio porque trabajar con un propósito tan claro como construir una empresa con vocación de longevidad y de conseguir que el vino de calidad llegue cada vez a más hogares es trabajar con el mejor de los estímulos. Al final, cuando formas parte de una empresa familiar, aprendes a tomar decisiones pensando más en las próximas generaciones que en el próximo ejercicio.

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¿Qué valores de las generaciones anteriores siguen siendo innegociables en el grupo?
Es difícil resumirlo, pero yo diría que lo primero es seguir elaborando vinos de calidad y, sobre todo, con personalidad. Un vino debe ser algo más que una botella excelente, debe representar el territorio donde ha nacido, tener identidad propia y emocionar tanto por su calidad como por lo que representa. Buscamos que cada vino tenga un propósito y una razón de ser, no simplemente ocupar un espacio en el mercado. Como segundo valor destacaría la agilidad. Desde nuestros inicios nos hemos caracterizado por detectar con rapidez los cambios en los hábitos de consumo y adaptarnos sin perder nuestra esencia. Siempre decimos que nuestra obligación es escuchar al consumidor, porque solo entendiendo cómo cambian sus necesidades podemos seguir siendo relevantes.
¿Qué cree que pensaría el fundador si viera hoy el Grupo Marqués del Atrio?
Estoy seguro de que Olegario Rivero, que en 1899 fundó la bodega en un calado excavado en la roca caliza de Arnedo, se sentiría profundamente orgulloso. No solo por ver cómo aquel proyecto familiar se ha convertido en un grupo bodeguero moderno, con instalaciones y equipos enológicos de primer nivel, sino porque comprobaría que, cinco generaciones después, seguimos manteniendo intactas las mismas ganas de hacer las cosas bien y el mismo compromiso con nuestra tierra.
Como empresa familiar, sabemos que un equipo comprometido es mucho más eficaz que un equipo desligado emocionalmente; nos gusta pensar que todos formamos parte de una familia
¿Es más difícil tomar decisiones cuando hay un componente emocional y familiar?
Al final, la familia actúa de forma muy profesional; eso es algo que es innegociable y fundamental para seguir avanzando. Lo diferente es que, como empresa familiar, sabemos que un equipo comprometido es mucho más eficaz que un equipo desligado emocionalmente. Por eso nos gusta pensar que todos formamos parte de una misma familia y es algo que no nos gustaría perder. Nos conocemos todos personalmente y existe una relación muy cercana. Creamos las condiciones para que los empleados puedan ir asumiendo nuevas responsabilidades dentro de la misma empresa y, sobre todo, valoramos mucho ese dividendo emocional que supone tener un mayor compromiso con la casa. Si la gente está contenta trabaja mejor y seguramente supone un esfuerzo adicional, pero estamos convencidos de que, a la larga, merece la pena.
En un mercado con miles de referencias, ¿qué diferencia a sus vinos?
Nuestros vinos tienen un propósito y eso los hace diferentes. No creemos en elaborar vinos solamente para ocupar un lineal, cada proyecto nace para responder a una necesidad concreta del consumidor. Escuchar al consumidor ha sido siempre una de nuestras principales fortalezas. Por ejemplo, en Faustino Rivero Ulecia, buscamos democratizar la calidad, acercando vinos honestos y con personalidad al mayor número posible de personas. En Marqués del Atrio, en cambio, hemos querido construir un Rioja insólito, diferente, con identidad propia y capaz de sorprender incluso a quienes conocen muy bien la denominación. Rioja es una garantía para el consumidor, pero precisamente dentro de Rioja creemos que todavía hay mucho espacio para sorprender y ofrecer propuestas diferentes. Nuestro objetivo nunca ha sido parecernos a otros vinos, sino tener una voz propia.
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¿Las denominaciones de origen siguen siendo un elemento diferencial para el consumidor?
Sí, el sector del vino no deja de ser un mundo complejo para muchos consumidores. Por tanto, las denominaciones de origen brindan una primera guía, especialmente para quienes se están iniciando en el vino, pero también son una garantía de origen y calidad.
Uno de sus vinos, Nostalgia, se presenta como un homenaje a Arnedo y a los orígenes de la familia Rivero. ¿Hasta qué punto un vino puede contar una historia familiar?
Nostalgia representa tanto a las cinco generaciones de la familia como a la tierra que ha visto nacer a la bodega. Es el primer vino de pueblo de Arnedo, procede de viñedos y de una bodega situados en la localidad, y eso se expresa en cada copa; es una forma de beber un trocito de Arnedo. Cuando un vino consigue conectar un lugar, una historia y unas personas, deja de ser solo un vino para convertirse en una experiencia.
La ilustración de la etiqueta de nuestro vino Nostalgia representa la antigua botería que regentaban a principios del siglo XX
Dicen: “La nostalgia también se cata”. ¿Qué recuerdos le vienen a usted a la cabeza cuando prueba este vino?
Nostalgia es un homenaje a Arnedo, el pueblo que ha visto crecer a nuestra familia. Eso es precisamente lo que hemos querido reflejar en la etiqueta, rindiendo homenaje a la segunda generación de la familia, que, además de ser bodegueros, eran boteros. La ilustración de la etiqueta representa la antigua botería que regentaban a principios del siglo XX. Además, la etiqueta incorpora la imagen de nuestro abuelo Amador Rivero, con quien compartimos innumerables recuerdos, degustaciones y reuniones, siempre rodeadas de los mejores vinos de la bodega. En ese sentido, Nostalgia también es una forma de mantener vivo ese legado.
Si tuviera que abrir una botella de Nostalgia con alguien de las generaciones anteriores de su familia, ¿con quién sería y qué le gustaría contarle o preguntarle?
Con mi abuelo, que sale representado en la etiqueta. Creo que se sorprendería de los cambios que ha tenido la bodega en los últimos años y de cómo evoluciona día a día. Y aunque él ya no pueda compartir esa botella de Nostalgia con nosotros, con quien sí lo hacemos habitualmente es con nuestro padre, Jesús Rivero, que fue un visionario y gracias a él, hoy estamos aquí.

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Vivimos en una época en la que todo cambia deprisa. ¿Cree que, precisamente por eso, los consumidores buscan vinos que les conecten con un lugar y con una historia?
En la sociedad actual en la que vivimos, los consumidores buscan una historia o una experiencia en todo lo que consumen. Tanto mi hermano como yo tenemos claro que todos los proyectos nuevos que desarrollamos tienen que ofrecer algo diferente a lo que existe. Por eso, siempre que planteamos un proyecto nuevo, tanto nuestro equipo de Marketing como el de Diseño trabajan desde el principio con esa filosofía para construir marcas con personalidad, capaces de conectar con las personas a través de su origen y valores.
El consumo de vino en España ha cambiado mucho. ¿Cómo se adapta una bodega a ese nuevo consumidor?
Como he dicho antes, somos una empresa ágil y eso se nota. Cuando detectamos un cambio en el consumo, nos adaptamos e intentamos hacerlo con personalidad propia. Nuestra obligación es escuchar al consumidor y entender qué espera de nosotros. Por ejemplo, hemos lanzado una gama de frizzantes de bajo grado o sin alcohol que responde a las expectativas del consumidor más joven, que busca buen sabor, calidad, una imagen desenfadada y opciones adaptadas a distintos momentos de consumo, sin renunciar al disfrute.
El vino español en los próximos diez años se enfrenta al reto de seguir elaborando con personalidad y lograr comunicar su origen
Si tuviera que convencer a un joven de 25 años para que se interesase por el vino, ¿qué le diría?
Creo que tenemos que quitar tabúes al mundo del vino y hacer vinos y productos que no pongan barreras de entrada a nuevos consumidores. En nuestra bodega de Faustino Rivero Ulecia tenemos un wine bar donde únicamente servimos vino y mosto y, cuando llega un visitante, le animamos a que empiece a probar vinos más afrutados como nuestro Frizz 5,5 o nuestros vinos más dulces, para que su paladar se vaya acostumbrando y poco a poco vaya evolucionando en esta experiencia tan bonita y diversa que es el mundo del vino.
¿Cuál es el principal reto al que se enfrenta el vino español en los próximos diez años?
El gran reto es seguir elaborando vinos con personalidad y lograr comunicar su origen y conectar con los consumidores que buscan autenticidad, tanto al español como al internacional.
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