Gastronomía

Jordi Cruz, chef: “La mejor opción para neutralizar el picante es un poco de nata: tiene grasa, textura y caseína”

Jordi Cruz, chef: “La mejor opción para neutralizar el picante es un poco de nata: tiene grasa, textura y caseína”

Arnau Ruiz

17/07/2026 08:35

El picante se ha colado en la cocina cotidiana mucho más allá de las recetas tradicionales. Salsas con habanero, aceites de chile, jalapeños, kimchi, curris intensos o platos mexicanos, tailandeses y peruanos forman parte de una despensa cada vez más global. Pero esa familiaridad también tiene una consecuencia: a veces se calcula mal.

La sensación de ardor no funciona como el dulce o el salado. No es solo un sabor, sino una reacción química que activa receptores asociados al calor y al dolor. Por eso, cuando un bocado pica demasiado, beber agua suele dar alivio durante unos segundos, pero rara vez resuelve el problema.

¿Por qué el agua no suele bastar?

Jordi Cruz lo plantea con varios ejemplos: aceite de oliva, zumo de limón, miel, leche, yogur o nata. Todos pueden ayudar en parte, pero no por el mismo motivo.

El problema principal se llama capsaicina, el compuesto de los chiles responsable de esa sensación de quemazón. La capsaicina no se comporta bien con el agua: se disuelve mejor en medios grasos y tiende a quedarse adherida a la boca. Por eso, un vaso de agua puede arrastrar algo de sensación momentánea, pero no siempre retira bien la molécula que está activando el ardor.

Ahí entra la lógica culinaria, y es que si el picante se agarra por grasa y por contacto, conviene usar ingredientes que puedan envolverlo, diluirlo o ayudar a separarlo de la superficie de la boca.

¿Qué hacen realmente los lácteos?

El chef apunta a la caseína, una proteína presente en la leche. Su papel es importante porque puede interactuar con la capsaicina y ayudar a retirarla, algo parecido a lo que ocurre cuando un detergente ayuda a despegar grasa de una superficie.

Los lácteos ayudan a calmar el picante porque la caseína puede unirse a la capsaicina y facilitar que se desprenda de la boca. Los lácteos ayudan a calmar el picante porque la caseína puede unirse a la capsaicina y facilitar que se desprenda de la boca. Dejan Kolar

Por eso la leche suele funcionar mejor que el agua. No solo refresca: también aporta proteínas lácteas capaces de reducir la sensación de ardor. Y, dependiendo del producto, puede sumar grasa, textura o acidez.

El yogur, por ejemplo, tiene un punto a favor añadido: su acidez. Esa combinación puede hacerlo especialmente agradable en platos muy especiados, como ocurre con muchas salsas, marinados o acompañamientos de cocinas donde el picante forma parte de la receta.

¿Por qué Jordi Cruz elige la nata?

Aquí llega el dato recompensa del vídeo. Cruz no se queda solo en la leche: asegura que “la mejor opción” puede ser un poco de nata porque reúne tres elementos a la vez: grasa, textura y caseína.

La grasa ayuda a manejar mejor un compuesto como la capsaicina. La textura de la nata permite recubrir la boca de forma más persistente que un líquido muy ligero. Y la caseína aporta esa capacidad de unirse a la capsaicina y favorecer que la sensación baje antes.

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No se trata de beber un vaso entero de nata ni de convertirla en remedio universal. La idea práctica es más culinaria: si una salsa, un guiso o una crema han quedado demasiado picantes, añadir una pequeña cantidad de nata puede suavizar el conjunto sin aguarlo y sin romper tanto la textura del plato.

¿Y el limón, el aceite o la miel?

Cruz también menciona otros recursos. El aceite puede ayudar por la parte grasa, aunque puede cambiar mucho la receta. El limón aporta acidez y frescor, útil para equilibrar sabores, pero no siempre basta para apagar la sensación de ardor. La miel o el azúcar pueden redondear el plato y distraer el paladar, aunque tampoco eliminan por completo el picante.

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La clave está en entender qué necesita la receta. En una salsa cremosa, la nata puede encajar muy bien. En un taco, quizá funcione mejor un yogur o una crema agria. En un guiso, puede bastar con grasa, lácteo o un ingrediente dulce que equilibre.

El matiz para alérgicos e intolerantes

El truco tiene una excepción importante: no sirve para todo el mundo. Las personas con alergia a las proteínas de la leche deben evitar estos ingredientes, y quienes tienen intolerancia a la lactosa deben escoger alternativas adaptadas si las toleran.

En cocina, neutralizar el picante no consiste solo en “apagar el fuego”, sino en entender qué lo provoca. Y en ese terreno, el consejo de Jordi Cruz tiene sentido: cuando el chile se pasa, el agua acompaña; la grasa, la textura y la caseína trabajan.

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