Gastronomía

En mitad de entonces

En mitad de entonces
Podría haber sido uno cualquiera. El del hambre de los gorriones revoleteando entre los carritos de la compra en el parking, o el que ocupa al erizo de las castañas aún por abrir sobre un suelo que anhela la lluvia, o de aquel que entiende de la fortuna del verdor de los tomates que no sabrán de la podredumbre que conlleva la marcha de los días cálidos. El cuerpo, tal vez, desde la ignorancia o la inconsciencia, indaga, quiere reencontrarse con los pequeños acontecimientos que suele traer el cambio de estación. El cuerpo te lleva a buscar aquello que extrañas hoy, así que, sin darte cuenta, te encuentras parada en un claro, queriendo que tu vista tropiece con todo aquello que debería estar. Por ejemplo, si te diriges hacia abajo, podrías toparte con esos pequeños volcanes cubiertos de hojas caídas de carballos que apenas pueden contener la fuerza de las setas que lo rompen, las tonalidades de los líquenes en flor sobre la madera, el tomento suave de los membrillos recién caídos al conocer por la mañana el rocío de las noches.

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