El final del verano es uno de los mejores momentos para disfrutar de los higos. Esta fruta empieza a madurar desde finales de julio y puede encontrarse hasta noviembre, aunque es al final del verano cuando alcanza uno de sus mejores momentos. El problema es que también es una fruta especialmente delicada: cuando está en su punto, apenas aguanta dos o tres días en el frigorífico.
Por eso, antes de dejar que se estropeen los higos que hemos comprado o recogido, conviene saber cómo aprovecharlos. Se pueden comer directamente, con piel, pero también protagonizar ensaladas, tostadas, postres e incluso platos de carne.
Cómo pelar un higo sin acabar destrozándolo
Los higos están en plena temporada al final del veranoGettyLa piel del higo es fina, comestible y aporta fibra, por lo que no es necesario retirarla. De hecho, cuando la fruta está en su punto justo y la piel es suave, comerlo entero es probablemente la forma más sencilla de disfrutarlo.
La situación cambia cuando el higo está muy maduro, la piel se ha endurecido ligeramente o simplemente se prefiere comer solo la pulpa. En ese momento, intentar pelarlo como si fuera una manzana suele acabar con la fruta completamente aplastada.

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El truco consiste en hacer primero un pequeño corte en uno de los extremos y, con la punta de un cuchillo, marcar suavemente la piel de arriba abajo. Después solo hay que tirar de ella con los dedos, poco a poco, como si se retirara una pequeña funda.
Si el higo está demasiado blando para manipularlo, existe una alternativa todavía más sencilla: cortarlo por la mitad y extraer la pulpa con una cucharilla. Así se evita que se deshaga y se aprovecha prácticamente todo su interior.
Una fruta dulce, nutritiva y mucho más versátil de lo que parece
Lomo de cerdo con higos y salsa de café y romeroAna CasanovaAdemás de su sabor dulce y su textura melosa, el higo destaca por su contenido en fibra y minerales. Según los datos de la FAO, 100 gramos de higos frescos aportan unas 74 calorías y alrededor de 3 gramos de fibra. También contienen calcio y magnesio, mientras que en los higos secos los nutrientes aparecen más concentrados debido a la pérdida de agua.
Y si algo hace especial a esta fruta es que funciona prácticamente igual de bien en preparaciones dulces que saladas. Puede acompañar unas espinacas con jamón ibérico y parmesano, convertirse en el ingrediente principal de unas tostadas con jamón y queso brie o combinarse con carnes.

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Una de las combinaciones clásicas es el pollo con higos, donde el dulzor natural de la fruta contrasta con el sabor de la carne. Para quienes prefieran el lado dulce, los higos también encajan en tartaletas con crema pastelera, tartas de queso o una sencilla mermelada casera.
También combinan con rúcula, endibias, frutos secos, setas y diferentes tipos de pan. Y cuando están demasiado maduros para comerlos enteros, todavía pueden convertirse en compota, mermelada o incluso congelarse troceados para utilizarlos posteriormente.
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