Gastronomía

El alfabeto gastronómico de M. K. Fisher

El alfabeto gastronómico de M. K. Fisher

29/06/2026 06:00 Actualizado a 29/06/2026 11:50

Un alfabeto para gourmets es una perla en el sentido literal (nada que ver con la canción de Rosalía). Este libro no es un manual de cocina tradicional, ni tampoco un recetario al uso; si conocen a la autora ya saben que sus textos van mucho más allá y que en su mayoría son retratos del comportamiento humano. El volumen que nos ocupa es un destilado muy concentrado y personal de las filias y fobias de la autora hiladas por las letras del abecedario. 

“Ninguna colección de gastronomía puede estar completa sin una de las grandes críticas culinarias del siglo XX, no solo por su enorme talento gastronómico, sino por su deslumbrante mirada literaria”, apunta Julio Guerrero, editor de Siruela, sello que acaba de publicar una cuidada edición de Un alfabeto para gourmets, título que vio la luz por primera vez en 1949.

El libro rompe muchos de los esquemas que imperaban en la década de 1940. Por ejemplo, la autora considera que el entorno importa más que la receta, y defiende que un plato mediocre puede ser maravilloso si el ambiente, la luz y la temperatura de la habitación son los adecuados. Además, anima a confiar más en el instinto y en el disfrute propio y liberarse de las restricciones de la etiqueta y el protocolo. Abogaba por la libertad gastronómica, quizás por eso en este volumen hace esta declaración de intenciones: “Este abecé es tal como yo lo escribí. Entre sus líneas, y hasta entre sus palabras, hay espacio suficiente para que cada cual inscriba sus propias convicciones gastronómicas, convoque el recuerdo de sus festines y, con la lengua mental, saboree una vez más el vino y el agua cristalina de incontables copas”.

Cubierta de 'Un alfabeto para gourmets' Cubierta de 'Un alfabeto para gourmets' Cedidas

Mary Frances Kennedy firmó toda su obra como M. F. K Fisher de forma totalmente intencionada. En aquella época, el mundo de la crítica y el ensayo estaba dominado por hombres; usar iniciales impedía que los editores y lectores juzgaran su trabajo por el hecho de ser mujer. Nació en Michigan en 1908 y murió en California en 1992, vivió mucho (en el sentido más amplio del término) y expandió el género del periodismo gastronómico en los Estados Unidos mezclando cocina con literatura, viajes, y todo tipo de experiencias. 

Un viaje a través de las 26 letras del abecedario

En Un alfabeto para gourmets. Fisher juega con el abecedario de manera ingeniosa para agrupar sus ensayos gastronómicos. El libro arranca con la A de “cenar A solas”, y en el texto defiende el placer y el arte de cenar en soledad que considera una oportunidad de absoluta libertad gastronómica y meditación. Con la B de “Banquetes de solteros” (Bachelor Benders), explora cómo cocinan y se alimentan los hombres que viven solos y cuenta alguna de sus particulares experiencias tras ser invitada por algunos de estos solteros. En la G de “Glotonería” reflexiona sobre los límites del placer, el exceso y la diferencia entre un verdadero gourmet y alguien que devora sin control. Y así, hasta llegar a la  Z de “Zakuski”, término que hace referencia a los entremeses tradicionales rusos, usándolo como metáfora del picoteo y el fin del banquete.

Aunque ella, según se desprende de sus textos, tenía predilección por la sencillez. Amaba las verduras frescas, los productos locales y las elaboraciones sencillas, nada demasiado sofisticado, ni salsas pesadas. Adoraba las ostras (escribió un libro entero sobre ellas) y los tomates maduros.

A pesar de empezar este particular abecedario elogiando las cenas en soledad, Fisher fue una mujer tremendamente social. Terminó su vida en Glen Ellen (Sonoma, California), un pintoresco pueblo vinícola de colinas cubiertas de viñedos y cercano a San Francisco. La vivienda de la autora se convirtió en un “salón” de culto donde académicos, escritores y fanáticos de la comida de todo el mundo viajaban solo para cenar y conversar con ella. Una de sus frases más célebres es “No es quien prepara la comida el héroe de esta historia. Es quien la disfruta, y cualquiera puede asumir ese papel, incluso tú y yo”. Así que disfruten de la lectura de este alfabeto para gourmets.

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