Del Pimpi a la Pampa
Salgo del Museo Picasso de Málaga con un deseo cumplido. Hacía años que quería visitarlo, y por fin he tenido la oportunidad de pasear tranquilamente por las salas de una pinacoteca dedicada al pintor malagueño que, sorpresivamente, y al contrario de lo que sucede en el Museo Picasso de Barcelona, se puede visitar sin agobios y sin la necesidad de tenerle que pedir a un turista que me suba a caballito para poder ver un cuadro. Ser bajito, tiene sus hándicaps. Si hay algo que criticar del museo dedicado a Picasso, es el sigilo con el que aborda los años barceloneses del artista en los paneles explicativos. Seguramente, sin los años de formación en Barcelona y sus largas estancias en Gósol o Horta de Sant Joan no se entendería a Picasso ni tampoco las obras que ahora cuelgan en el museo malagueño.
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