Gastronomía

Cuestión de clase

Cuestión de clase
Estamos en el primer piso de una nave cuyo portón rojo mira a otros portones de colores menos festivos. Más al fondo está la autovía, que no deja de rugir. El atardecer se nos ha caído encima antes de entrar y en este polígono malagueño ya nadie descarga palés ni arrastra herramientas cuyo nombre desconozco. En el centro del espacio, acogedor de una forma extraña, hay una mesa comunal para doce personas. Frente a cada asiento, una cuartilla anuncia que habrá tomate, gambas, espinacas, arroz y conejo. También vino estimulante.

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