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Condenan en Huelva a cuatro personas, 23 años después, por intentar vender 43.000 jamones no aptos para el consumo que sacaron de un incendio en un secadero de Monesterio

Condenan en Huelva a cuatro personas, 23 años después, por intentar vender 43.000 jamones no aptos para el consumo que sacaron de un incendio en un secadero de Monesterio

Condenan en Huelva a cuatro personas, 23 años después, por intentar vender 43.000 jamones no aptos para el consumo que sacaron de un incendio en un secadero de Monesterio

Han pasado más de dos décadas, pero el caso ya tiene sentencia. El Juzgado de lo Penal número 3 de Huelva ha condenado a cuatro personas por un delito contra la salud pública. Desviaron miles de jamones y paletas que habían sido declarados no aptos para el consumo humano tras el incendio de un secadero en Monesterio (Badajoz) e intentaron devolverlos al mercado, según informan medios locales.

Cada uno de los cuatro condenados recibe un año de prisión y tres años de inhabilitación especial para cualquier actividad profesional o comercial relacionada con la industria cárnica. También deberán pagar una multa de seis meses con una cuota diaria de 12 euros y su parte proporcional de las costas del proceso. Un quinto acusado ha quedado absuelto porque no se ha probado que participara en los hechos ni que los conociera.

Todo empezó en junio de 2003. Ese mes, un incendio en un secadero de la comarca pacense afectó a un lote de 43.000 piezas entre jamones y paletas. Al analizarlas, la autoridad sanitaria detectó sustancias con potencial genotóxico y cancerígeno procedentes de la combustión de plásticos, y declaró toda la mercancía no apta para el consumo humano.

Para retirar las piezas y después incinerarlas o transformarlas se contrató a una empresa especializada con planta de tratamiento en Guillena (Sevilla). Pero la mercancía nunca llegó a destruirse. Responsables de transporte y directivos de la empresa gestora ordenaron desviar miles de jamones y paletas hacia la Sierra de Huelva.

Lavados, untados y reetiquetados

Las piezas acabaron en instalaciones de Aroche y en secaderos de Jabugo. Allí las lavaron, les quitaron las cuerdas originales, las untaron con grasa o manteca y les pusieron etiquetas nuevas. El objetivo era volver a meterlas de forma ilegal en el circuito comercial para que llegaran al consumidor.

En las inspecciones se encontraron miles de piezas guardadas en cámaras y en secaderos no autorizados. Algunas estaban incluso cargadas en camiones, listas para distribuirse.

La magistrada considera probado un delito contra la salud pública del artículo 363.5 del Código Penal, en su modalidad de peligro abstracto. Según la sentencia, el riesgo para la salud colectiva era objetivo. Los compuestos tóxicos estaban en la corteza y en la grasa superficial, partes que muchas veces se desechan pero que también pueden usarse en la cocina o comerse directamente.

En cambio, los cinco acusados han quedado absueltos del delito de falsedad en documento oficial del que les acusaban la Fiscalía y las acusaciones particulares. 

Durante el traslado se alteraron sellos y firmas en las guías de transporte. Para la jueza, eso es una falsedad ideológica que el Código Penal actual ya no castiga. Las guías faltaban a la verdad sobre si la mercancía se había recibido, pero no se llegó a falsificar el documento público en su totalidad.

Imágenes | iStock

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- La noticia Condenan en Huelva a cuatro personas, 23 años después, por intentar vender 43.000 jamones no aptos para el consumo que sacaron de un incendio en un secadero de Monesterio fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Jaime de las Heras .

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