Camariñas es un pueblo curioso. Situado en una de las esquinas de la Costa da Morte, en una comarca que ya de por sí queda algo apartada, conserva una actividad y una vida propias que quizás tengan que ver precisamente con ese aislamiento. Aquí, en una casa de piedra del centro del pueblo, Dani y Sara abrieron en febrero de 2026 Agocho do Bico. Agocho, en gallego, significa escondite o refugio, un nombre que encaja bien con lo que han creado: un lugar agradable donde sentarse a comer, estar a gusto y, si se quiere, quedarse a dormir.
Dani tiene 33 años y es de Camariñas; Sara, de A Coruña, tiene 27. Los dos estudiaron en el Centro Superior de Hostelería de Galicia, especializándose en sala y gestión hostelera. Se conocieron en Grapevine, Texas, y desarrollaron buena parte de sus carreras profesionales en hoteles y establecimientos dedicados a banquetes, entre Dallas, Múnich y Bilbao.
Daniel Rego y Sara López en la puerta de Agocho do Bico, Camariñas Pero Dani siempre había tenido el gusanillo de la cocina. Fue precisamente durante su estancia en Estados Unidos cuando empezó a interesarse por procesos como las maduraciones y las fermentaciones, que ahora forman parte de su manera de entender la gastronomía.
La historia del restaurante comienza, en realidad, bastante antes. En 2013, en plena crisis económica, los padres de Dani se hicieron cargo de Taberna do Bico. No venían del mundo de la hostelería, aunque eran grandes aficionados al vino, y fueron desarrollando poco a poco la oferta del establecimiento.
En 2020 llegó otra crisis, esta vez la pandemia. Dani y Sara aprovecharon un ERTE para regresar a Camariñas y echar una mano a los padres de él. Lo que parecía una estancia provisional acabó convirtiéndose en un proyecto de vida.
En febrero de 2026 dieron un paso más y abrieron Agocho do Bico, con restaurante por un lado y habitaciones, Agocho Rooms, por otro. Se han hipotecado para los próximos 15 años y tienen claro que su futuro está en Camariñas.
También tienen claro que quieren abrir todo el año. Son conscientes de que en invierno habrá menos clientes, pero creen que la desestacionalización del turismo empieza precisamente por mantener los negocios abiertos cuando se marchan los visitantes. Esa misma filosofía se refleja en Agocho Rooms: las habitaciones no ofrecen desayuno porque prefieren que sus huéspedes desayunen en el bar de al lado. Una pequeña decisión que ayuda a repartir la actividad económica en el pueblo.
Detalle de la mesa en Agocho do Bico, Camariñas Una cocina que mira al mar y hace números
Aunque Dani todavía no se considera cocinero, es quien está al frente de la propuesta gastronómica. La carta cambia según el mercado y las capturas de la flota pesquera local, pero también según los números. Porque hacer escandallos, calcular cuánto cuesta cada plato y qué precio puede asumir el cliente sin comprometer la viabilidad del negocio, es una parte fundamental de la cocina de cualquier restaurante.
«Yo pienso que ofrecemos precios justos», explica Dani.
En su cocina también se reconocen influencias que van más allá de Galicia. La madre de Dani es austriaca, y algo de esa herencia familiar se cuela en los platos, especialmente en el uso de lácteos y hierbas aromáticas, con combinaciones poco habituales en la cocina gallega. Un buen ejemplo aparece nada más sentarse a la mesa: con el pan sirven una deliciosa mantequilla aromatizada con tomillo y limón, fragante y fresca.
La mantequilla aromatizada de Agocho do Bico, Camariñas A ello se suman las aportaciones de quienes trabajan en los fogones, muchos de ellos procedentes de México, que incorporan sus propias ideas y referencias. La propuesta se construye así entre el producto local, la experiencia personal de Dani y las distintas culturas gastronómicas que conviven en el equipo.
La carta se divide entre «Nuestras elaboraciones», platos que incorporan distintas técnicas y preparaciones, y «Puro producto», donde mandan los pescados y mariscos. Se pueden combinar libremente, compartir varios platos o concentrarse en las elaboraciones, cuyas raciones son especialmente abundantes.
Entre los productos que nunca faltan está el pulpo, que tiene en Camariñas una zona de pesca privilegiada. Otros platos van y vienen con las temporadas, como el bonito de Burela, que se mantuvo en la carta durante todo el verano y buena parte del otoño.
Este bonito es protagonista de una historia que podría parecer una de esas leyendas gastronómicas sobre recetas nacidas por accidente, como la famosa tarta tatin. Dani se equivocó al hacer un pedido y recibió mucha más berenjena rayada de la que necesitaba. Para aprovecharla ideó un acompañamiento para el bonito, que sirve sencillamente marcado, con una salsa de tomate, berenjena y cilantro. El resultado es un plato fresco y sabroso, en el que la salsa acompaña al pescado sin robarle protagonismo.
Bonito con tomate y berenjena rayada, Agocho do Bico, Camariñas También hay siempre algún escabeche. Son versiones actualizadas de esta técnica tradicional, con menos presencia del vinagre. Al fin y al cabo, hoy no se utilizan necesariamente para conservar los alimentos, de manera que se puede ajustar la acidez para respetar mejor el sabor del producto.
Probamos uno de lubina salvaje, que también responde a una cuestión de aprovechamiento y sentido práctico. Las lubinas demasiado grandes tienen difícil salida en un comedor donde abundan las mesas de dos personas. En lugar de ofrecerlas enteras, Dani las divide y las prepara en escabeche, convirtiendo un problema comercial en un plato que puede disfrutar cualquier comensal.
Escabeche de lubina salvaje, Agocho do Bico, Camariñas Otra de las elaboraciones habituales es la pasta fresca rellena, que preparan con mucho acierto. Durante nuestra visita la encontramos rellena de cabrito de Buría y espinacas (24 euros), con una pasta bien trabajada y un relleno sabroso.
Pasta fresca rellena de cabrito de Buría, Agocho do Bico, Camariñas Pescado salvaje a precios razonables
En la parte de «Puro producto» aparecen berberechos a la sartén (25 euros), chipirones de potera (27 euros) y pescados salvajes que se cobran por peso: lubina, sanmartiño, rodaballo, besugo o palometa roja.
Los precios del pescado, entre 73 y 120 euros por kilo en la carta que encontramos durante nuestra visita, pueden parecer elevados a quien no esté familiarizado con lo que cuesta actualmente el pescado salvaje. Sin embargo, son precios competitivos para ese producto y, según explica Dani, los pescados son precisamente los platos que menos margen de beneficio dejan al restaurante.
Hay además una práctica que debería ser habitual en cualquier establecimiento que venda pescado por peso: al tomar la comanda explican qué piezas tienen disponibles y cuánto pesa cada una. El día de nuestra visita había, por ejemplo, un sanmartiño de 1,3 kilos, un rodaballo de 1,5 y una lubina de 1,2. Con los precios por kilo indicados en la carta, el cliente puede calcular cuánto va a pagar antes de pedir.
El servicio del pescado, Agocho do Bico, Camariñas Pero no hace falta encargar un pescado entero para disfrutar de Agocho do Bico, ni mucho menos gastar una fortuna. Compartiendo un par de elaboraciones, con precios entre 14 y 24 euros, y un plato como los chipirones de potera (27 euros), se puede comer perfectamente por menos de 35 euros por persona. Y queda sitio en el presupuesto para la bebida, el postre o el café, según lo que le apetezca a cada uno.
Los detalles también cuentan
Es posible que la formación de Dani y Sara en sala y gestión hostelera tenga mucho que ver con la importancia que conceden al bienestar de sus clientes. Para ellos, un restaurante tiene que ofrecer comodidad, calor y cariño, algo que se aprecia tanto en el trato como en el espacio.
La casa conserva sus paredes de piedra, pero la decoración combina elementos contemporáneos, materiales cálidos y algunas obras de arte. El resultado es un comedor cómodo y agradable, con personalidad, sin necesidad de recurrir a una decoración recargada.
Y luego están esos pequeños detalles que pueden parecer secundarios, pero que pesan mucho cuando llega la cuenta y, sobre todo, cuando uno decide si quiere volver.
También merece la pena reservar algo de sitio para el postre. Probamos unas peras al vino acompañadas de una crema de queso fresco y kéfir, con un dulzor muy contenido y un toque de acidez láctica muy agradable.
Peras al vino con crema fresca de kefir, Agocho do Bico, Camariñas El café de filtro de especialidad, de Astro, cuesta 1,80 euros. Una copa de vino AAA de Albamar, 4 euros. El agua, 1,50 euros, y los postres se mantienen por debajo de los seis euros. Precios que en algunos casos son incluso inferiores a los de cualquier bar corriente.
No son grandes gestos, pero revelan una manera de entender la hostelería. En Agocho do Bico se puede comer pescado salvaje, probar elaboraciones que requieren tiempo y técnica, beber buen vino y terminar con un buen café sin que cada pequeño añadido dispare la cuenta.
Dani y Sara han apostado su futuro a un restaurante en un pueblo de la Costa da Morte donde quieren seguir viviendo y trabajando durante todo el año. Para que ese proyecto funcione no basta con atraer visitantes en verano: también necesitan que quien entre por la puerta tenga ganas de regresar. Y parece que lo están consiguiendo: según sus propios datos, un 60% de los clientes ya ha comido allí anteriormente, un porcentaje que durante los fines de semana alcanza el 80%. Una fidelidad nada desdeñable para un restaurante que abrió hace apenas ocho meses.
Agocho do Bico
- Dónde: Praza de Colón, 5, Camariñas (A Coruña).
- Horarios: cierra miércoles y jueves.
- Precio medio: 35-40 €, bebida aparte.
- Reservas: reservas online
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- La noticia Agocho do Bico, el refugio gastronómico de Camariñas (A Coruña) donde comer buen pescado sin dejarse una fortuna fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Anna Mayer .



