Cuando llega el otoño, además del tiempo, también cambia la forma en la que llenamos la nevera. Vuelven las cremas, los guisos, las verduras de temporada y las sobras de comidas más contundentes, mientras que el frigorífico puede terminar lleno de recipientes que dificultan encontrar lo que buscamos.
Pero no todo vale a la hora de colocar los alimentos. La temperatura no es igual en todas las zonas del frigorífico y distribuirlos correctamente puede ayudar a que duren más tiempo. Además, tenerlo organizado permite localizar cada producto rápidamente y mantener la puerta abierta durante menos tiempo.
Mantener una temperatura adecuada favorece la conservación de los alimentosFreepikLa OCU recuerda precisamente que mantener la puerta abierta más de lo necesario aumenta el consumo energético y provoca fluctuaciones de temperatura que pueden perjudicar la conservación de los alimentos.
De arriba abajo: qué colocar en cada zona
La distribución debe tener en cuenta que las distintas partes de la nevera no mantienen exactamente las mismas condiciones. La guía práctica de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda mantener el frigorífico entre 0 y 5 ºC y separar siempre los alimentos cocinados o listos para consumir de los crudos.
En las baldas superiores pueden colocarse las sobras y los alimentos ya cocinados, siempre protegidos. En las intermedias tienen cabida los lácteos, los huevos, los quesos y los embutidos. Las zonas inferiores, más frías, son apropiadas para carnes y pescados crudos y otros productos perecederos, que deben estar dentro de recipientes cerrados para evitar que sus líquidos entren en contacto con otros alimentos.

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Los cajones quedan reservados para frutas y verduras. La propia AESAN recomienda, además, no lavarlas antes de introducirlas en la nevera, sino hacerlo justo antes de consumirlas. Asimismo, la puerta es una de las zonas menos frías y resulta adecuada para bebidas, salsas y otros productos que no necesiten temperaturas tan bajas.
El truco para que la nevera trabaje mejor
Hay otra regla sencilla que puede marcar la diferencia: no meter alimentos calientes directamente en el frigorífico. AESAN aconseja refrigerar los alimentos cocinados lo antes posible, pero sin introducirlos cuando todavía están calientes, ya que pueden elevar la temperatura interior. También recomienda guardarlos en recipientes cerrados y, cuando sea posible, dividirlos en porciones para que se enfríen antes.
Separar los productos crudos de los cocinados ayuda a evitar contaminacionesGetty ImagesTambién conviene colocar delante aquellos alimentos que haya que consumir antes. Así nos aseguramos de que no se nos olvida y evitamos que los productos queden escondidos al fondo hasta que hayan superado su fecha de consumo.
Eso sí, no todo lo que compramos necesita espacio en el frigorífico. La OCU señala que alimentos como el pan, la miel, el aceite, el chocolate, el café o las especias se conservan mejor fuera de la nevera. También recomienda mantener patatas, ajos y cebollas fuera, mientras que algunos productos, como el tomate, pueden ver alteradas sus propiedades por el frío.

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En cuanto al congelador, la OCU aconseja utilizar recipientes herméticos o bolsas bien cerradas e indicar el contenido y la fecha de congelación. La temperatura recomendada es de -18 ºC.
Por último, mantener la nevera limpia también forma parte de una buena conservación. Las organizaciones recomiendan limpiarla a fondo al menos una vez al mes y mantener separados los alimentos crudos de los cocinados.
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