La veteranía es un grado; es una frase que se utiliza en cualquier ámbito. Sin embargo, puede que en el mundo de los concursos de cata tenga aún más sentido, si cabe. Y es que cada valoración está avalada por todas las anteriores, además de por una preparación física y mental imprescindible para llegar en perfectas condiciones a la mesa.
Una de las catadoras con la trayectoria profesional más larga, seria y brillante es la de Carmen Garrobo, mejor mujer sumiller 2026 (premios Isabel Mijares), experta en análisis sensorial de productos agroalimentarios, y fundadora, directora y docente principal de la Escuela Española de Cata.
Su nombre está ligado a los concursos a ciegas nacionales e internacionales desde hace más de 20 años, por lo que conoce a la perfección los entresijos de este universo de aromas, sabores y colores vitícolas. Una veterana que, lejos de mostrarse altiva o con aires de superioridad, transmite humildad y respeto por el vino, por los que lo producen y por los que lo valoran.

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Aunque tiene muchos frentes abiertos, una de sus facetas principales es la de catadora en jurados de concursos. ¿Qué le llevó a participar en su primer concurso de cata?
Como te puedes imaginar, mi primera participación fue una invitación. A raíz de la trayectoria que estaba llevando, los organizadores decidieron contar conmigo.
¿Sorpresa? ¿Miedo? ¿Emoción? ¿Qué sintió?
Una mezcla de todo eso. Aunque, sobre todo, en ese primer concurso sentí temor. Tenía miedo a meter la pata, pero tiré para delante, y el resultado fue una experiencia muy bonita. De hecho, fue tan bonita que 20 años después sigo siendo jurado en concursos.
Durante este tiempo habrá sido testigo de la evolución de este tipo de eventos. ¿Han cambiado mucho los criterios de calidad que se aplican?
Diría que más que cambiar los criterios que aplicamos, lo que ha cambiado son los estilos de vino, y, en consecuencia, hemos adaptado los criterios. Por ejemplo, ahora la valoración del color no es tan importante como lo era hace unos años; o hace 30 años, el olor a “animal”, es decir, las notas a cuero o a caza mayor o menor, no eran un defecto, y, sin embargo, hoy en día, sí lo es. De hecho, se penaliza. Así que, en ese sentido, sí podría decirse que la forma de valorar no es la misma.
Cata a ciegas LlotjaREDACCIÓN / Otras Fuentes¿La cata a ciegas es la modalidad más justa?
Sí, claro. Es la mejor manera de valorar un vino sin ningún tipo de influencias, ni de la zona ni del estilo de vino. Es mi tipo de concurso preferido.
No debe de ser fácil dejar a un lado tus gustos particulares…
Cuando eres un juez con una larga trayectoria, no es un problema, pero cuando eres novel y acabas de empezar, es más fácil que cualquier cosa te influencie. Piensa que, por ejemplo, si yo soy de la zona de Ribera del Duero, y sé que los vinos que estoy catando son de esta región, al final voy a “tirar hacia casa”; o me encantan los vinos generosos de Andalucía occidental y sé que estoy catando una muestra de esa zona, lo más probable es que, sin querer, valore más ese vino. Por eso, yo prefiero no saber nada. El mayor ejercicio de humildad que puede tener un catador es una cata a ciegas, porque no sabes qué es lo que tienes realmente delante. Lo puedes imaginar, pero no lo sabes.
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Aprender a olvidarse de los gustos personales es parte del entrenamiento de un jurado. ¿Cómo se consigue?
En el caso de nuestros alumnos en la Escuela Española de Cata se van formando día a día, ya que, casi todo lo que catan lo hacen a ciegas. Así, se hacen una idea muy clara de que el vino no se percibe igual en una cata a ciegas, o en una a la vista. No se siente lo mismo, ni se valora igual.
Cuando faltan solo unos días para el concurso, ¿se prepara de un modo especial?
En general, el juez tiene que tener muy claro si está en las mejores condiciones físicas. Por ejemplo, si unos días antes de la cata estoy constipada, no debo participar en ese concurso. Por otro lado, es importante dormir bien, evitar las situaciones de estrés, y por supuesto, igual que nos lavamos los dientes, también debemos mantener limpia la nariz. Todo ello va a pasar factura a tu valoración y dificulta que puedas emitir un juicio real.
Hacer una valoración real es la principal responsabilidad de un juez…
Así es. El jurado tiene que ser sincero con lo que está viendo e ignorar los gustos y manías personales. Por ejemplo, si por una mala experiencia no me gustara el sabor a frambuesa, tengo que ser lo suficientemente coherente como para que esa manía personal no afecte a la valoración de un vino con notas de frambuesa.
Cuando consigues esto, puede decirse que se es un buen catador, ¿no?
Sí, pero, sobre todo, el jurado tiene que valorar del mismo modo un vino en diferentes circunstancias, como, por ejemplo, cuando te ponen una muestra por la mañana y por la tarde te ponen ese mismo vino con distinta numeración. Hay que tener en cuenta que es fácil que después de comer valores de un modo distinto debido, entre otras cosas, a la somnolencia y el cansancio. Por eso, la mayoría de los concursos se celebran por la mañana.

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En cualquier caso, después de cuatro o cinco horas catando, los sentidos deben resentirse…
Sí, claro, pero paramos cada dos horas, aproximadamente. Si no fuera así, después de catar solo vinos tintos, por ejemplo, acabarías saturado. Es necesario cambiar de registro.
¿Cómo sabes que lo que estás catando es excepcional?
Cada catador tiene sus trucos. En mi caso, cuando un vino tinto me huele a grosella negra, ya me está transmitiendo calidad. Cuando eso ocurre, casi siempre hay una medalla. Una medalla se consigue cuando todo el equipo valora del mismo modo. Por regla general, todos los miembros de la mesa van a dar una puntuación muy similar que no va a variar más de dos puntos.
Un juego con cata a ciegas se ha incluido en esta novena edición. Cedida¿Y si eso no ocurre?
Cuando hay un desfase, el presidente de la mesa pide explicaciones al catador que ha puntuado muy por encima o muy por debajo. A mí me pasó una vez que puntué por encima un vino español que estaba siendo castigado por el resto de la mesa. El presidente me pidió explicaciones, se las di, y finalmente, convencí al jurado.
Después de tantos años, esa anécdota, probablemente, sea una entre un millón. ¿Todavía aprendes cosas nuevas cuando vas a un concurso?
Sí, siempre. Prueba de ello son las “quinielas” que solemos hacer en paralelo algunos catadores sobre el origen del vino y la variedad de la uva. No te imaginas la de veces que nos equivocamos. Por eso, insisto en que la cata a ciegas es un grandísimo ejercicio de humildad. Es la única manera de seguir aprendiendo.
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