Agua de piedra, cafetera y Tour de Francia
Por alguna razón que se me escapa, el verano es la época cuya cocina asocio más al olfato. Puede que tenga que ver con la temperatura, que tiende a hacer los aromas más intensos. No lo sé. La cuestión es que, aunque cuando me paro a pensarlo hay otros olores, de otras temporadas, que me vienen a la mente -el de los membrillos, el de los higos a punto de pasarse de maduración, la vaharada de vapor de un caldo cocinándose en invierno, las setas todavía en la cesta- es el verano el que más asocio al olfato.
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