Jorge Rodríguez, enólogo: “La filoxera arrasó la viña en toda Europa, menos en Canarias; somos la única región del mundo que mantiene la planta original”
¿Cómo es posible cultivar viñas en un lugar donde apenas llueve, el viento sopla con fuerza y la tierra está marcada por la actividad volcánica? En Lanzarote, la respuesta está en una forma de viticultura que ha sabido convertir las dificultades en señas de identidad. Los socos, esos pequeños muros de piedra que protegen las cepas de los alisios, son quizá la imagen más reconocible de un viñedo que ha aprendido a convivir con un entorno exigente. Una experiencia que también despierta interés más allá de las islas, ya que las estrategias desarrolladas por sus viticultores para adaptarse a condiciones extremas pueden aportar enseñanzas ante el cambio climático.
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